A lo largo de los artículos anteriores expliqué que la vida de un individuo está ligada a la de los demás, luego todos vivimos juntos como un solo individuo, esto es, el concepto de sociedad como individuo. También dije que la vida de un individuo queda a su vez metaforizada como una larga fila finita de piezas de dominó cuyo movimiento lo determinan los juicios que el mismo emite, y cuyas piezas son las mélopres donde enjuiciamos *leer mi entrada La Mélopre para entender los conceptos mélopre y juicio*. El que la vida de un individuo quedara así metaforizada implica que la sociedad como individuo vive del mismo modo que un sólo individuo, y enjuicia para continuar viviendo, que es el sentido de la vida cuyo significado lo dan las mélopres desde donde se continúa viviendo, las que dicen si su vida es falsa o auténtica, describiendo el camino de la sociedad hacia la construcción o su destrucción. Con tal concepción de la vida cabría preguntarse si es correcto, auténtico, tomar un juicio por el que vamos a poner fin a la cadena de dominó. Pasemos a estudiar dicha cuestión.

El que la vida de un individuo finalmente termine, y que el sentido de la vida sea continuar viviendo, nos pone frente a una seria paradoja, pero no es así. El individuo no es independiente, sino social, y su vida pertenece a la sociedad, la cual es inmortal si la misma continúa viviendo, y lo hace cuando en el final de la vida de un individuo se sigue viviendo a través del otro, esto es, la sociedad. Lo dicho implica que de entre los juicios por los que cortaríamos nuestra cadena vital solo es verdadero el que continúa la de la sociedad. Sólo un tipo de individuo vive en contradicción pues él queda aparte de la sociedad como individuo, y este es el psicópata, que representa él mismo una sociedad, la que morirá con el psicópata, y dado que el sentido de la vida es continuar viviendo, se comprende que la vida del psicópata es una contradicción que acarrea que su vida es falsa como dije. Vivir para dar final a los demás, vivir en la inmoralidad ciegos de la misma a través del egoísmo, que queda muy lejos de nuestra conciencia pues la misma está en lo más alto de la torre soberbia, es una contradicción a la vida misma, un error por el que se vive una vida falsa cuya falsedad es ciega a nosotros mismos a costa de falsacionar la de los demás.

Os dejo aquí una admirable escena cinematográfica, la muerte del capitán Barbossa en la película piratas del caribe y la venganza de Salazar, que metaforiza a la perfección el hacer lo correcto. Barbossa corta su propia cadena de vida, en este caso se suelta del ancla para hacer lo correcto. Tal acto simboliza su negación a continuar desde una mélopre falsa, pues de no haberse soltado hubiera matado a su propia hija; hubiera destruido su parte en la sociedad perdiendo así su sentido en la vida; hubiera pasado a convertirse en la frustración del medio para volver a dar un sentido a su vida, quedando equivocado y reafirmándose a costa de invalidar a los demás; y desde ese momento hubiera vivido una vida falsa. De no haberse soltado, su soberbia lo hubiera atado con fuerza a su nueva cadena vital cuya huida del vértigo elevaría el final de la misma, el llegar a vivir (que es el objetivo vital del antisocial que trata de lograr invalidándonos, teniendo el poder sobre nosotros para que no seamos, es decir, destruirnos *leer mi entrada LA INQUEBRANTABLE MORAL para entender este concepto), al infinito, sin poder llegar a vivir siquiera y mucho menos continuar viviendo, falsacionando su vida y tratando de reafirmarla a través de los otros que iban a morir, teniendo como resultado la muerte de todos, los demás y él mismo, ya que no habiendo personas a las que destruir, dado que las que estaban iban a morir, su nueva vida carente de sentido no podría cobrar un nuevo sentido pues no quedarían individuos a los que falsacionar, perdiendo de nuevo su sentido en la vida y muriendo entonces al ahogarse en su propio odio. Barbossa decidió ahogarse de amor, lo cual me hizo llorar de empatía tal y como lo hicieron los que salvó. Y Salazar (al que cayendo Barbossa le atraviesa la espada), el enemigo de todos, es ahogado en su propio odio al no tener sociedad a la que destruir puesto que la misma continúa a través de Barbossa que decidió no continuar una vida falsa con su sacrificio.

Quilato Ótefe.

A %d blogueros les gusta esto: