Cada vez que el tirano sorbe un trago de odio y comparte su euforia con su víctima y su pueblo los ciudadanos sobrios debemos de tomar conciencia de la dependencia al odio de nuestro líder para poder despertar de la pesadilla consciente que nos impide despertar de nuestro sueño inconsciente, emprendiendo así el camino a la cura de la conciencia social. ¿Los ciudadanos sobrios de odio no caían en cuenta de su diferencia con su líder? Sí, pero aún no tomaron conciencia de su diferencia con el mismo: no tomaban conciencia de la conciencia antisocial, la que les nublaba el juicio con los efectos del odio ingerido que la misma vertía sobre ellos: no sabían qué era aquello que los emborrachaba a pesar de estar sobrios.

Los momentos de crisis para la ciudadanía son aquellos en los que el miedo puede apoderarse de la mente de la misma y hacer creer a los ciudadanos en la propia sobriedad cuando el borracho sirve el odio a su conciencia social, quitándoles las penas e intoxicándolos así de maldad, para a su vez aceptarla como remedio al mal del miedo, y sin dar cuenta de que el odio los esclavizó al miedo que tanto deseaban desaparecer, pues lo adormecieron, y con él a ellos mismos, terminando por quedar el bien en un largo sueño de borrachera, muriendo al final la ciudadanía por no despertar antes de que se agotara el odio, ya que el miedo la durmió, y sin odio se quedó sin soñar, quedando así la ciudadanía muerta en vida.

El miedo es capaz de apoderar la mente de la ciudadanía cuando la conciencia social se ciega a la borrachera del tirano, el que antes del miedo era un don nadie para la conciencia social, y que, dejando a la ciudadanía en un sueño, es ahora la ciudadanía, es decir, ahora él es quien vive la realidad, una realidad antisocial. La realidad es una sola a la que nosotros damos significado, damos sentido, y hacemos así que sea; no olviden que hacer que la realidad sea es el sentido de la vida, esto es, hacer que seamos nosotros. Y sin duda, tras entrar la ciudadanía en un largo sueño, la vida cobra sentido para el borracho y este deja de ser un don nadie.

¿Cómo despertamos del sueño?

Mientras soñamos vivimos el infierno en la tierra, una pesadilla de la que queremos despertar equivocados a base de tragos de odio que el tirano nos sirve, para así quedar nuestra conciencia en el sueño, el sueño por ser. Y el sueño por ser no se persigue por lógica de la conciencia en la pesadilla, la conciencia antisocial, pues esta ya es. Para despertar debemos ir contra nuestra propia lógica, la que nos sitúa en el no ser, en el sueño; la que nos dice que lo externo y nosotros no es lo mismo. Que lo externo difiera de nosotros implica en nosotros la motivación por cambiar lo externo actuando sobre lo externo, sin conciencia de que actuamos sobre nosotros mismos, y sin dicha conciencia nos mantenemos anclados al odio por lo externo, por nosotros mismos, que es lo que debemos cambiar para liberarnos, para liberar a nuestro yo en el sueño, a nuestro subconsciente. Así, culpando a lo externo de nuestra pesadilla seguimos alimentando el odio hacia nosotros mismos, esto es: el tirano sigue compartiendo su euforia con nosotros, la que crece con nuestra miseria.

En el momento en el que nuestra conciencia odia a lo externo nosotros queremos liberarnos de lo externo, siendo lo externo y nosotros lo mismo, ciegos de ello por nuestra borrachera de odio, pues compartiendo la euforia del tirano no hay motivación para la introspección, esto es, la motivación para reconocer nuestro miedo a lo externo. Comprender nuestro miedo por lo externo es el paso para comprender que el enemigo no nos odia, sino que nos teme como nosotros mismos, y lo es también para buscar, ya sobrios, al tirano, habiendo despertado de nuestro sueño de borrachera.

En una guerra no hay dos bandos, sino un grupo de tiranos, borrachos de odio, con interés en la guerra, los cuales siembran el miedo en la ciudadanía para emborracharla de odio y así seguir eufóricos de compartir la misma con nosotros, pues sin nosotros se acaba su fiesta y su importancia, volviendo a ser nada.

Vislumbrar al tirano no consiste en ser más inteligente que él, sino en ser más humilde que él, no dándonos la importancia tal como para querer liberarnos del enemigo, sino para comprender que el enemigo somos él y nosotros, comprendiendo que el lobo es un lobo para el hombre, y poder volcarnos en la búsqueda por la liberación del tirano, la que nos liberará de lo que somos siendo sus esclavos: la conciencia antisocial.

Llenar nuestro espíritu de humildad y de bondad es nuestro escudo para mandar al tirano al no ser, a no tener poder sobre nuestra conciencia, a no poder si quiera aspirar alcanzar el poder sobre nosotros a base de odio pues no lo probaremos. La humildad nos mantiene sobrios del odio, y practicarla es tan sencillo como dejarse llevar por el odio, pues, tras conocer el efecto del odio en nuestra conciencia, ponemos en una balanza el dejarse o no llevar por el mismo, pudiendo elegir libremente con conocimiento desde un grado de conciencia más amplio, el que minimiza el riesgo de capacidad del subconsciente sobre el consciente, es decir, el riesgo de empoderar al tirano.

La tentación del tirano abarca todos los ámbitos de la conciencia, todo tipo de escenarios, y es así por lo que nuestro ego nos tentará siempre a emborracharnos con él, pues el tirano es nuestro inconsciente, el no ser, y como he dicho en entradas anteriores, la vida es la lucha del consciente contra el inconsciente, tentándonos así, como acabo de decir, el tirano siempre. Somos “alcohólicos de odio” y nuestro autocontrol para no probarlo responde a nuestra fuerza de voluntad, esto es, nuestra fuerza de poder, de ser, pues voluntad y ser es lo mismo, y con voluntad somos, es decir, somos conciencia social, somos humildes, siendo nuestra fuerza de voluntad contra la tentación del odio la humildad.

Siendo humildes ganaremos al tirano que lidera cualquier ámbito en el que nos encontremos: ya sea el propio estado; o bien el jefe de una empresa; o el trabajador que nos hace mobbing; y cualquier ámbito. No olvidemos que el tirano, que es nuestro inconsciente, vive la pesadilla consciente que nosotros vivíamos antes de despertar con humildad, y él no es consciente de que nos tienta, sino que es consciente de su poder sobre nuestro miedo, y buscando un enemigo para nuestra conciencia él sera en la nuestra, dando sentido a su vida. ¿Verdad que conocen países cuyos líderes solo buscan enemigos para el estado? la crisis es la energía del tirano, pues la crisis sobre una población que desconoce pone en desigualdad de condiciones en la balanza de la libre elección a la misma, la balanza en la que se elige el ser humilde o beber del odio que nos ofrece el líder.

Quilato Ótefe.

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