Hacer entender que el psicópata envidia al ser moral, y que el hacernos creer que somos débiles o estúpidos por hacer el bien es su victoria pues el momento en el que lo creemos nos hemos vuelto débiles al odiarnos a nosotros mismos y convertirnos en lo que odiábamos, humillándonos entonces al unirnos a él, ha sido el objetivo de todas las entradas anteriores. Aún bien difundido todavía me preguntan: si el perdón es nuestra mejor arma contra el perverso, entonces ¿qué hacemos cuando nos hacen daño?, ¿perdonar y quedarnos de brazos cruzados?. No es absurdo preguntarse eso, pero sí lo es si no se ha llegado a comprender el valor de perdonar. Perdonar no es sinónimo de humillación, sino de victoria, ese es su auténtico valor, y aún ya explicado voy a volver a hacerlo esta vez ahondando en el conflicto, y mostrando con mayor claridad el efecto del perdón razonando el conflicto. Cuando a uno le hacen daño, por supuesto que ha de defenderse, aquí entra la asertividad (que como dije en la entrada Rechazo social consiste en impedir que los demás destierren sus malas experiencias – su odio – en nosotros; consiste en repeler la negatividad de los demás.) pero no se debe guardar rencor a esa persona, porque entonces ella salió victoriosa del conflicto, y aquí entra la virtud del perdón, su valioso valor. El rencor, el odio, es producto de rumiar la ira, esto es: repetir en la mente pensamientos cargados de la misma. ¿Qué es la ira? la ira es una de las 5 emociones básicas que se encarga de energizar el cuerpo en contra de algo, o alguien, que frustra o resulta aversivo. Cuando el orgullo, nuestro narcisismo, trae a la mente a la ira mediante el pensamiento, la persona trata de restituirlo a través de la misma; la persona se siente humillada, y quiere humillar; la persona todavía quiere humillar aún pasado el conflicto. Todo lo dicho viene a decir que si tras un conflicto este vuelve cargado de ira una y otra vez a la mente, estamos humillados, y quien nos lo causó victorioso. ¿Victorioso de qué? quien nos hizo daño buscó precisamente esto en nosotros: que lo recordáramos como victorioso; pues él quiso desterrar su odio en nosotros, por envidia a nuestro bien, y él como perverso consiguió llenarnos de miedo a los demás (que no es más que miedo hacia nosotros mismos, miedo a ser víctima por lo que representamos), oculto por odio a los demás (que no es más que odio hacia nosotros mismos), haciéndonos repetir así su acción en los otros, creyendo protegernos de los demás colocando el rol de perversos en la gente inocente. El odio es un veneno que si toleramos nos convierte en la fuente del mismo, lo cual es el objetivo del perverso: morir en vida para volver a nacer como él, arraigados en la humillación absoluta, en la miseria moral.

Es así el desarrollo psicológico del psicópata descrito en entradas anteriores, el que representa el mal absoluto, pero que también representa a la humillación absoluta, humillado él ante todo el mundo por su miseria moral. Muy pocas personas son así, pero sí es cierto que todos, en mayor o menor medida desterramos sin ser conscientes de ello negatividad en los demás, pues no somos perfectos. El narcisista (qué duda cabe) también es una personalidad oscura, y ¿qué la diferencia del psicópata? el psicópata busca literalmente destruirnos, suprimirnos, mientras que el narcisista busca nuestra admiración, que lo hagamos brillar apagándonos nosotros. Recuerden lo dicho en mi entrada, Buena autoestima y narcisismo – Diferencias: el narcisismo es el escudo que protege nuestra autoestima; el narcisismo (el orgullo) es nuestro aliado cuando este es saludable, es decir: el narcisismo es positivo cuando su función es asertiva; queremos pensar bien de nosotros mismos y cuando nos atacan ponemos el escudo, protegiendo nuestra autoestima. Tener una alta autoestima es directamente proporcional a un narcisismo saludable que es sinónimo de asertividad. Pero el narcisismo pasa a ser nuestro enemigo cuando agredimos: cuando el miedo se apodera de nuestra mente y negamos nuestra auténtica autoestima para sustituirla por una ficticia, sintiéndonos continuamente atacados (como ocurre en los narcisistas). El narcisista, negando por miedo (inconscientemente) su autoestima busca echar en los demás todo el desprecio que siente por sí mismo, apagándonos para él brillar; el narcisista aún se siente ligado a los demás. El psicópata fue destruido y persigue literalmente exterminarnos.

Quien perdona, posee una fuerte autoestima, la cual le hace también ser asertivo. Como dije en mi entrada Rechazo socialgozar de una buena autoestima también consiste en repeler los tratos maliciosos a nuestra persona, porque de lo contrario sería una paradoja decir yo valgo pero merezco que me traten mal“, y como he dicho esa asertividad es nuestro narcisismo saludable, que lo es gracias a nuestra buena autoestima. Así la asertividad se adquiere con autoestima. Con una fuerte autoestima, seremos asertivos, y con asertividad vuelvo a repetir que impediremos que los demás destierren sus malas experiencias – su odio – en nosotros; repeliendo la negatividad de los demás. Con una alta autoestima, seremos asertivos, no nos dejaremos envenenar de odio, no albergaremos rencor siendo entonces muy capaces de perdonar, y saldremos siempre victoriosos a cualquier conflicto.

Quilato Ótefe.

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