El concepto de envidia quedó bien explicado en la anterior entrada Buena autoestima y narcisismo – Diferencias, pero en esta nueva se va a volver a hablar de ella para explicar por qué a veces es tan difícil detectarla, y cómo hacer una detección eficaz de la misma. Primero voy a volver a repetir qué es la envidia: la envidia es un sentimiento de tristeza, producto del miedo al desprecio de los demás (Si obviamos la moral, el valor que los demás nos dan para relacionarse con nosotros es la estima que estos nos dan. Cuando una persona se siente inferior a nosotros, se siente víctima de nosotros, quienes robamos su felicidad al despreciarla socialmente. El envidioso nos teme al pensar que robamos su felicidad, y apuesta a defenderse de ello con ira. Es por esto que la envidia se da en gente cercana a nosotros y no lejana, pues la gente cercana es la que entra en nuestro círculo de relaciones, del que obtenemos nuestra felicidad), generado por lo que otro tiene y uno no tiene, que genera ira contra su fuente. Es un sentimiento suscitado por la pérdida de competencia propia. Por tanto el envidioso trata de destruir la autoestima del envidiado, que es el valor que el envidiado se da a sí mismo, y de conseguirlo lo volverá débil, consiguiendo el envidioso suplir su infelicidad por goce. Es decir, el envidioso nunca dará muestras observables de que su comportamiento hacia el envidiado sea motivado por rabia hacia el mismo, sino todo lo contrario: el envidioso dará a entender que su comportamiento hacia el envidiado es motivado por su superioridad para con el mismo. Siendo esto así, para que el envidiado sepa qué hay tras la cortina de humo este debe dudar de la propia realidad, de la aparente. ¿Cómo se pone en entredicho la realidad? para dudar de la realidad, esta debe rebatir una anterior. Es decir, la realidad presente (los juicios de actualidad que hacemos) nos pone en duda al chocar esta con la realidad pasada (nuestras creencias, prejuicios) si esta es diferente a la presente. ¿A través de qué juicios de valor pretende el envidioso debilitarnos? a través de juicios de autoestima. Esto es, nuestra autoestima pasada influirá en la elaboración de juicios a nuestra autoestima presente si la pasada es distinta a la presente, haciéndonos dudar entonces de los juicios presentes. Si la realidad que el envidioso nos muestra pretende que emitamos juicios negativos a nuestra autoestima, dudaremos de estos cuando nuestra autoestima pasada haya sido positiva. Si en el pasado nuestra autoestima era negativa, y en el futuro el envidioso nos negativiza, creeremos sin duda lo que el envidioso nos dice. Ser o no ser valioso es algo subjetivo, y nosotros podemos elegir qué concepto tener de nosotros mismos, pues todos somos valiosos, como a la misma vez insignificantes; podemos elegir nuestro autoconcepto. Ahora bien, cuando nuestro autoconcepto es negativo, y un envidioso nos machaca, normalizamos su comportamiento: consideramos que el que el envidioso nos invalide es normal “puesto que no valemos nada”. Y aquí está el problema: consideramos normal que nos machaquen. La respuesta que se puede dar a este machaque es variada, acorde a la persona: si al que machacan tiene un bajo grado de narcisismo, de amor propio, simplemente cederá a su machaque, si su narcisismo es alto, responderá con todos los dientes de fuera, pero sea como sea la respuesta, agresiva o inhibida, esto no soluciona el problema inicial: normalizar el comportamiento del envidioso. Un narcisista, (no nos referimos aquí a un individuo con elevado narcisismo, sino el narcisismo en forma patológica), que procesa una autoestima paupérrima, normaliza que los demás lo machaquen, por eso está constantemente invalidando a los demás; y sí, cuando recibe una mala crítica tacha a la persona automáticamente de envidiosa, pero esto es parte de lo que en psicología se llama “mecanismo de negación de la realidad”, que se da cuando el miedo se apodera de nuestra mente y se niega la realidad, pero no es una negación real, sino patológica. Así pues la negación de la realidad en el narcisista no es genuina, sino patológica, el miedo se apodera de su mente ante las malas críticas, puesto que va a salir a la luz su auténtica autoestima, de ahí la constante búsqueda de admiración y el cargarse la autoestima ajena. Sea como sea nuestro autoconcepto, nuestra autoestima, el que una persona nos machaque es ANORMAL. Sí, alguien puede darte una mala crítica pero siempre justificada y destinada a ayudarte, a que mejores, no a que empeores. Pero si una persona no está nada más que machacándote deben saltar las alarmas. Toda persona, repito, toda persona que no para de invalidarnos, de hacernos de menos, es una persona que por diversas razones goza comportándose así, ya sea por envidia, ya sea por tener una personalidad patológica, sea esta antisocial o narcisista, goza por las razones que sean. El comportamiento de una persona que nos invalida NO ES NORMAL. Muchos de los adultos que sufren TPE, (trastorno de la personalidad por evitación), fueron victimizados en su infancia o adolescencia a través del acoso escolar. Un niño que nace con un sistema nervioso que lo predispone a sentir más miedo que otros niños, será causa de que los niños más crueles descarguen sus tendencias antisociales sobre él, de forma que los niños crueles gozan de tapar su debilidad con el niño más débil. Esto a lo mejor no afecta la autoestima del niño al principio, pero con el tiempo se llegará a creer lo que le dicen, y si encima este niño sufre rechazo por parte del resto de niños por miedo a bajar su estatus que no es otra cosa que el fruto de la observación pasiva del acoso, ver que se meten con él porque es débil, y creer la etiqueta que los acosadores le han puesto, temiendo así estar con él, pues su autoestima al finalizar el proceso de socialización quedará por los suelos. Una persona con TPE llega a creer fervientemente que es normal que le digan que no vale nada, teme a la crítica como la peste, y evita todas las situaciones sociales, o la mayoría, por miedo a ser criticados, porque están absolutamente convencidos de que lo van a hacer, y que por este motivo van a ser rechazados. ¿Recuerdan lo que dije en la anterior entrada Rechazo social sobre que la aceptación social y la autoestima van de la mano? El temor al desprecio, al rechazo, es lo que hace competir a los demás los unos con los otros por la autoestima. Las personas con TPE están tan invalidadas en su mente que están absolutamente seguras de que los van a rechazar, y como sienten el miedo natural que todos tenemos al rechazo, ni siquiera intentan batallar por su autoestima pues están seguras de que van a fracasar, evitan todas las situaciones sociales. Fíjense hasta donde llega el normalizar el machaque, llegar a creer que en cualquier situación social les van a invalidar, a devaluar, a criticar, a reírse de ellos. El comportamiento de una persona supresiva, (voy a utilizar el calificativo supresiva, para referirme a alguien que suprime por las razones que sean), hacia nosotros no es normal, así pues si queremos dudar de la realidad que un envidioso nos muestra hay que tener una respuesta refleja de duda hacia lo que nos dice esa persona, puesto que su comportamiento es anormal. Un antisocial puede invalidarnos para ocultar su debilidad, un narcisista puede hacerlo para ocultar su paupérrima autoestima, pero también pueden hacerlo para ocultar su debilidad de cara a los demás o para ocultar su autoestima de cara a los demás; es decir, un antisocial puede que ya haya proyectado en ti su imagen de víctima, pero te invalidará de cara al público para asegurarse de que esta quede proyectada, al igual que un narcisista puede que haya proyectado su paupérrima autoestima en ti, pero también te humillará de cara al público para aseverar que así sea. Cabe decir que el antisocial no es envidioso, sino destructivo asecas, él no destruye por envidia, sino por miedo a la destrucción, a ser víctima; el narcisista sería un caso de envidia extrema y permanente dirigida hacia todo ser humano; y el envidioso es una falla narcisística puntual. Con una alta autoestima ni el narcisista podrá proyectar su paupérrima autoestima sobre ti, ni el antisocial su débil y victimizada imagen, por tanto no se producirá una supresión “pasiva” por parte de estos en el sentido de suprimirte solo de cara al público para asegurar sus proyecciones, sino que tomarán una supresión activa, constante, y a muerte hacia ti, estarán muy nerviosos. No hay diferencias en la supresión hacia ti por parte de un antisocial bien adaptado, un narcisista, o un envidioso, puesto que te está machacando igual, habría que estudiar la personalidad del supresivo que te suprime para saberlo. Dicho lo dicho se da a entender que no se puede detectar con un 100% de seguridad que quien te suprime es un envidioso, pero sí prácticamente al ciento por ciento. El porcentaje de narcisistas + antisociales + psicópatas es de apenas el 3 o el 5% de la población, teniendo pues un 97 – 95% de probabilidades de estar antes con un envidioso que alguien con un desorden de personalidad. Finalizando, sea nuestra autoestima baja o alta, cuando una persona no para de invalidarnos, de machacarnos, de decirnos que no valemos, ALERTA, estamos casi con total seguridad frente un envidioso. Creer en la propia valía es causa de la verdadera respuesta automática que para al envidioso, pero si todavía nos cuesta valorarnos debemos seguir la siguiente lógica, que debe instaurarse en nuestra mente como un pensamiento reflejo: comportamiento supresivo = anormal = envidioso.

Quilato Ótefe.

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