La incomprensión es la consonancia del juicio a través de juicios previos en orden distintos por quien es igual a sí mismo y distinto a su elección. Igual a sí mismo en tanto que el cambio, la realidad, la vida, no es ajena, sino propia; y distinto a su elección pues la realidad propia es a su vez ajena a nosotros que somos el ser en sí mismo. Es decir, la incomprensión, la diferencia, nos hace únicos e idénticos en nuestra libertad, nuestra vida, nuestro cambio. Así, la diferencia que nos hace ser es el bien en sí misma, y negar su igualdad, esto es, no tolerar haberla elegido, equivale a negarse a uno mismo, al bien, y con ello al ser, entrando en disonancia con el propio juicio y en consecuencia engañándose a uno mismo sin tener conciencia de ello, pues ya no se es al aceptar al no ser, al elegirlo.

Solo hay incomprensión cuando se entra en consonancia con el otro – ahora recuerden en mi anterior entrada Emoción y libertad que la emoción viene después del juicio, después de elegir, y que no hay emoción sin elección -, y la dicha equivale a empatizar con el otro. Es decir, tras elegir, al entrar en consonancia afectiva con el otro (empatía), hemos aceptado nuestra incomprensión para enjuiciar por nosotros mismos, esto es libres del vacío del juicio, libres del juicio sin emoción que nos niega a entendernos como al otro. Así, la incomprensión, la diferencia, es el juicio de amor que la tolera por el que se es aceptándose a uno mismo; juicio de amor del que nace la empatía. No hay empatía sin incomprensión, y no hay incomprensión sin empatía. Así pues, la existencia de la bondad, la empatía, se da como círculo vicioso desde la incomprensión a la empatía y vicebersa; círculo vicioso que gira más rápido por cada elección que compacta sin disminución, sin temor, la cadena de juicio que conecta la incomprensión con la vida por sí misma. Cada juicio de amor aumenta nuestra velocidad al ser el mecanismo cadena-círculo vicioso cada vez más complejo, y dicho aumento es un mayor grado de ser, de conciencia, pues la incomprensión es cada vez mayor para el sostén del mecanismo. Nótese que aumentar nuestro grado de conciencia no es en un sentido de cantidad, sino de responsabilidad, pues a la vez que alcanzamos un mayor grado de la misma esta brilla igual sobre la sombra de su brillo, es decir, no tiene más poder que antes de enjuiciarse, pero sí que tiene mayor responsabilidad en la obra de su juicio, pues a mayor grado de conciencia más sencillo es dejarse cegar por su resplandor, la soberbia, la que pone en peligro de caotizar el mecanismo intolerante tras la soberbia en el caos, la intolerancia; intolerancia aceptada por el mecanismo con la transferencia de su origen, el juicio del odio, resultando el mal como única forma de empatía y de no ser, pues sin incomprensión queda determinada; sin libertad; sin amor; y con un círculo cada vez más veloz por el irresponsable determinismo.

La vida, la incomprensión, se define así como análoga a un mecanismo de llave donde la cabeza se une con la pluma a través de la incomprensión, la que se da por la consonancia con el otro (empatía) a través del juicio de amor, y cuyo sentido – recuerden en anteriores entradas que el sentido de la vida es el aumento del grado de concienciaes la motivación por la armonía del mismo, la que armoniza el mecanismo con mayor fuerza de juicio, la que no desarma la pluma sino que la vuelve más sólida, más valiente; solidez que va en armonía con la responsabilidad, pues a mayor fuerza, mayor poder de elegir la soberbia como sostén y no como debilidad.

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Mayor grado de conciencia equivale a inteligencia, inteligencia que comprende la emoción, no teniendo pues la emoción una explicación racional aun habiéndose elegido, siendo conscientes de nuestro juicio y no de lo enjuiciado, siendo la inteligencia emocional y no racional, pues desde la razón no se puede responsabilizar por la elección, sino por la empatía determinada que nos invalida al transferirnos al origen para detener nuestro contínuo consciente, invalidándonos desde el origen para no validarnos desde el final que perseguimos, el que sin tocarlo nos motivaba a no renunciar de nuestro sufrimiento para amar desde la aceptación de la diferencia, la incomprensión, libres del vacío del juicio sin emoción, sin amor.

Y algo es claroso, y es que mayor razón (típicamente dicha como inteligencia racional), mayor poder sobre la soberbia, pues siendo nuestra inteligencia emocional esta es más eficaz como producto de una mejor elección; elección mejor por elegir lo mejor, pues no olviden que nuestra libertad reside en no renunciar a nuestro sufrimiento; sufrimiento tolerado por nuestra felicidad, siendo así esta tolerancia que se toma por la aceptación de la diferencia, que es la felicidad en sí misma, la incomprensión, la unión inseparable de vida y amor que es la vida en sí misma, pues la vida no puede separarse de la vida, sino complementarse con su fin, esto es, con su determinación, lo que determina la libertad del mecanismo cadena-círculo vicioso libre de intolerancia, de soberbia.

Así, la inteligencia emocional determina nuestra libertad desde nuestra elección, que una vez tomada racionaliza nuestra emoción; y a mayor grado de esta mayor responsabilidad por complementarse con el fin desde la vida.

Con un mecanismo de llave cada vez más complejo de amor, se abrirán juicios más complejos y más responsables, los cuales acercarán, pero alejarán más cerca, al ser humano a poder abrir el cielo si no se tienta a la soberbia; tentación salvable pues él elige mejor salvo que sea estúpido para determinarse a la transferencia de lo que fue y no es.

Quilato Ótefe.

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