En esta entrada voy a ejemplificar dos casos de dos psicópatas proyectando la culpa sobre los demás, proyectando su odio hacia los demás.

El primer caso lo ilustra Doña Bernarda de Iturbide, personaje ficticio de la telenovela mexicana Triunfo del amor, en la siguiente escena:

Contexto 1.

Bernarda odia a su propia nieta, María Desamparada, por amar a un hombre, Maximiliano, que la ha abandonado para casarse con otra mujer. Ese odio no es ni más ni menos que la propia proyección del suyo puesto que Bernarda en el pasado se enamoró de un hombre, Gonzalo, el cuál la engañó para tener sexo, riéndose de ella, estando él casado y con un hijo. Por ese incidente Bernarda perdió la razón y en venganza quemó vivos a Gonzalo y a su familia, desarrollando así su psicopatía; por lo que ahora Bernarda odia a su propia nieta puesto que ella no quiere vengarse de Maximiliano sino que lo sigue amando; Bernarda, puesto que piensa que su nieta no odia a su enemigo sino que es su aliada al amarlo en su mente la califica como perversa. Bernarda tiene un hijo producto de las relaciones entre ella y Gonzalo, al que llama Juan Pablo y el cual encomienda a Dios educándolo toda la vida para ser sacerdote. Bernarda creció en un ambiente muy católico, tenía fuertes valores morales religiosos, y lo que hizo chocó contra su escala de valores, así pues para obtener el perdón de Dios ideó en su fantasiosa mente un pacto con el mismo por el que encomendaba a su hijo al sacerdocio alejándolo de la “inmundicia de este mundo”. Bernarda, para que su hijo no dejara los hábitos al saber quién es su hija, María Desamparada, le contó en secreto de confesión que ella es su hija para así no poder ejercer sus derechos como padre y quedar como sacerdote, lo cual fue causa de que el mismo deje ahora el sacerdocio para cuidar de su hija en momentos tan difíciles. Bernarda al enterarse de que su hijo Juan Pablo ha dejado el sacerdocio corre nerviosa a pedir la ayuda del padre Jerónimo para que este intervenga, desatándose una fuerte discusión entre ambos.

Análisis del caso 1.

Bernarda pide la ayuda del padre Jerónimo para que Juan Pablo no renuncie al sacerdocio; a lo que Jerónimo le responde que la culpa es suya. Respondiendo Bernarda que no es cierto, que la culpa la tiene María Desamparada por ser insaciable, que a pesar de haberla ayudado en todo lo que ha podido ella quería más y su hijo se había convertido en víctima de su nieta perversa; recriminándole Jerónimo le recrimina el cómo poder hablar con tanta inmoralidad de su propia nieta. Desesperada, Bernarda vuelve a decirle a Jerónimo que tiene que ayudarla – no queriendo Jerónimo seguirle el juego -, y por no hacerlo, Bernarda piensa que está en su contra, proyectado su odio sobre él, diciéndole que él la odia a ella. Jerónimo le responde que él es sacerdote y que no odia a nadie; y que en lugar de juzgar mal a su hijo por lo que ha hecho se dedique a cuidar a su nieta, que está más indefensa que nunca – para ver si su situación conmueve su corazón y conciencia -. Bernarda responde que su nieta es perversa y se buscó lo que está padeciendo; y entonces Jerónimo le recrimina la razón por la que odia tanto a su nieta, diciendo que ella no es mala como ella misma – Bernarda movida por su ira narcisista le da dos cachetadas -. Apenado, Jerónimo le explica que lo que le duele no es su maltrato físico, sino su ceguera; el no darse cuenta de que está actuando mal; de no ver su soberbia infinita al autonombrarse justiciera divina – intentando hacerla entrar en razón -. Y termina Bernarda llena de soberbia e ira, no queriendo bajarse del burro, diciéndole que ella no está actuando mal, que nunca ayudará a los pecadores, a los perversos.

El segundo caso lo ejemplifica la canción Hellfire, fuego infernal en español, que canta el juez Claude Frollo, el villano del jorobado de notre dame. Letra y vídeo adjuntos a continuación:

Frollo: Beata María
Yo siempre fui hombre de bien
De mi virtud puedo alardear
Beata María
He demostrado ser también
Más puro que esa chusma tan vulgar
Pues dime, María
Por qué al verla ahí bailar
Por sus ojos pierdo yo el control
La siento, la veo
Mi alma toda empieza a arder
Al ver que en su cabello brilla el sol
Es fuego de infierno
Pecado, cruel, mortal
Ardiente deseo
Me arrastra hacia el mal
Protégeme, María, de esa sirena, esa mujer
Que no me lleve a mi perdición
Destruye a Esmeralda
En el infierno debe arder
Si no va a ser jamás mi posesión
Bruto: Ministro Frollo, la gitana se ha escapado.
Frollo: ¿Qué?
Bruto: No está en la Catedral, se ha ido.
Frollo: Pero, ¿cómo?
No importa, ¡vete, idiota!
Yo daré con ella aunque tenga que prender fuego a todo París.
Es fuego oscuro
Gitana, es tu elección
Ser mía ahora
O tu condenación
Dios se apiade de ella
Dios se apiade de mi
Mía o no habrá condenación.

Análisis del caso 2.

El juez Frollo tras ver a la gitana Esmeralda una sola vez en el festival de los bufones queda prendado de su belleza, la desea. Él tiene una sólida escala de valores, fervientemente religiosos, y el pecado de la carne lo estaba atormentando. ¿Qué hizo? Proyectar su pecado en la gitana. Él se odiaba a sí mismo por romper un valor en su escala de valores, y su narcisismo lo proyectó sobre la gitana. La escena en la que habla con la Beata María y acto seguido se acerca a la chimenea bajo el enorme crucifijo representa el proceso de proyección de su odio, de su pecado, quedando él como víctima de su víctima. El crucifijo representa a su narcisismo, y la chimenea representa su odio, su pecado. En lugar de aceptar su debilidad, de aceptar que quedó prendando de Esmeralda, proyectó la culpa sobre ella, diciéndole a su narcisismo: destruye a Esmeralda; en el infierno debe arder; si no va a ser jamás mi posesión. Es decir, justifica su pecado habiendo proyectado su odio sobre Esmeralda; le dice a la Beata María, mirando al crucifijo, a su narcisismo, que la odie de no ser suya.

Así es como los malvados, los psicópatas, proyectan su culpa, siendo ciegos de ella. No se dan cuenta de que son malvados, para ellos los malvados son los demás. Como dice el eminente Robert Hare: el psicópata no tiene ningún problema, el problema lo tienes tú, y durante el resto de su vida afectarán a cientos, por no decir a miles de personas.

Y antes de terminar dejo una nota: si usted se vio identificado con alguna característica psicopática usted no es un psicópata; un psicópata es ciego de la culpa, no reconoce el mal en él, él no es malvado, según él. Malvado lo es usted; para él el psicópata lo es usted. Digo esto porque se ha puesto de moda el autodiagnosticarse como psicópata mirando por encima el PCL-R. Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare. Espero que con lo dicho se desmitifique el mito.

Quilato Ótefe.

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