Como expliqué en mi anterior entrada la vida de cada individuo queda metaforizada como una cadena finita de piezas de dominó en donde la caída de cada pieza define el actuar del individuo cuyo sentido es desencadenar otra acción. El sentido de la vida consiste en volver a actuar, que la cadena siga en movimiento, es decir, vivir. El que la respuesta sea demasiado prosaica tiene que ver con el propio sentido de la vida. Si nos dicen que el sentido de la vida es vivir y ya estamos vivos, es lógico que no nos entre en la cabeza que tal sea el sentido. Vivimos porque actuamos, y si ya estando vivos nos dicen que el sentido de la vida es vivir es como si nos dijeran que hemos muerto. Para que me entiendan: si la vida es actuar para vivir, y el sentido de la vida es vivir, ya hemos logrado vivir por lo que vivir se convierte en un sin sentido. ¿Me entienden ahora?. Entonces, habría que reestructurar la respuesta a la famosa pregunta ¿cuál es el sentido de la vida?, respondiéndola con que el sentido de la vida es seguir viviendo, que es vivir, pero no dando a vivir únicamente un significado presente, sino un pasado, un presente y un futuro. El que fijemos un objetivo en la vida para darle sentido a la misma es establecer un patrón de acto a la cadena, es decir, respondernos a cómo seguir viviendo, sin respondernos en realidad cuál es el sentido de la vida, porque no le damos a vivir todas las dimensiones temporales, así que vivir no nos sirve como sentido a la vida, sino cómo seguir viviendo, que es darle inconscientemente a vivir tales dimensiones, que es la forma de satisfacernos a la incertidumbre que la respuesta vivir (sin sus dimensiones temporales) supondría a la dicha pregunta. Lo que queda en el inconsciente queda por miedo a verlo en la conciencia, y así es, nos da miedo que vivir para el presente sea el sentido de la vida, porque entonces no viviríamos, así que lo proyectamos al mundo de modo que las cosas están pero podemos modificarlas a voluntad. Esto es, nosotros vivimos pero no lo demás. ¿Qué gana nuestra proyección?, ¿recuerdan que dije que vivir es vivir para destruir la frustración?, ¿cómo se destruye a la frustración? haciendo que no sea, que no exista, ¿Y cómo no existe? siendo nosotros los que vivamos y no ella, ¿y cómo se logra esto? manipulando a la frustración, teniendo el poder sobre ella, porque si la frustración no puede, no tiene poder, no actúa, actuamos nosotros, y así somos nosotros los que vivimos, no ella. ¿Entienden ahora lo dicho en anteriores entrada que vivimos para destruir a través de la unión con los demás?. Y si vivir es el sentido de la vida (con sus dimensiones temporales), se puede afirmar que el sentido de la vida es destruir junto a los demás la frustración del medio. El darle a vivir sus dimensiones pasado, presente y futuro, es fruto de proyectar fuera de nosotros nuestro sin sentido. Vivir es la contra de la muerte, y para vivir es lo demás lo que muerto queda siendo nosotros los que vivimos.

Hay algo que el lector habrá dejado en duda, y es el por qué de que destruyamos a través de la unión con los demás. Podría haber dicho por lógica que el sentido de la vida es destruir, pero nosotros no somos solo individuos independientes, sino que somos una sociedad que opera como un individuo solo. Así el sentido de la vida queda como construir para destruir, esto es, construir con los demás para destruir. Así, la bondad, la empatía, lo que nos une con los demás nos da una enorme fuerza, un enorme poder sobre el medio. Pero la maldad también es una forma de poder sobre el medio, solo que las personas que actúan por maldad no son individuos de la sociedad, no forman parte de la sociedad, sino que son individuos que funcionan como una sola sociedad apartada de la nuestra. De ahí que sientan todo el amor del mundo por ellos mismos, siendo tan narcisistas como son, y que a su vez no sean conscientes de su maldad, puesto que proyectan sobre nosotros el no ser dicho anteriormente, así que nosotros somos la frustración del medio. Para el malvado, el psicópata, los malvados, los psicópatas, somos los demás, y es así por lo que son ciegos de la culpa y a su vez carecen de empatía. Ellos están fuera de la sociedad, odian a la sociedad, osea a nosotros, y la sociedad es sociedad fruto de que los individuos están unidos por la empatía. La empatía es la fuerza, el poder del bien, y es la que tanto envidia el perverso (habiéndo dicho antes en mi entrada Conciencia de maldad). A modo de modelo de todo lo dicho anteriormente tendríamos un Star Wars. El bien y el mal luchando por el poder del medio, de dar un sentido a la vida, siendo ambos lados igual de poderosos. ¿Y para dar un sentido a la vida no había que dominar a lo externo, no permitiéndole la vida, viviendo nosotros? sí, exacto, y es el objetivo del mal: hacernos creer que el bien no sirve para nada volviéndonos débiles y muriendo en vida ya sea físicamente, al no negar el bien y perder el sentido de la misma, ó al negarlo convirtiéndonos en el perverso dándole otro sentido a la misma. *Lean el resto de mis anteriores entradas para comprender más y mejor el objetivo del perverso.*

El bien y el mal son dos caras del poder, dos modos de patrón de actuación para dar un sentido a nuestras vidas, y se puede pasar de un lado a otro y viceversa, no siendo inquebrantables ni uno ni otro patrón, más no advertiremos cuando pasemos de hacer el bien a hacer el mal pues no seremos conscientes de estar actuando mal. Pero sí hay algo de lo que somos conscientes, y es no de nuestro inconsciente, sino de nuestra proyección, siendo de esta manera nuestro mundo un reflejo de nosotros mismos. ¿Quieren saber cómo son realmente? miren al espejo, contémplenlo y para entender el significado del mismo hagan terapia. Hacer terapia es un modo de profundizar en el espejo y comprender verdaderamente el alcance de nuestra maldad.

Ahora bien, ¿merece la pena ser malvado?. El malvado nos vivencia como su fuente de frustración, esto es, como más fuertes, más inteligentes, más grandes que él y lo frustramos, lo dañamos por eso, ¿merece la pena vivir en una humillación constante?, ¿merece la pena vivir con una envidia constante al ser moral?, ¿merece la pena vivir con un odio infinito a los demás y no tener posibilidad a la felicidad? Reflexionen. La decisión de conformarse con su vida es solo suya. ¿Es inquebrantable el bien, la moral? no, como tampoco lo es el mal. ¿Es más poderoso un lado que otro?, no, ¿es más débil uno que otro? sí. El mal por considerar al bien como fuente de frustración tacha al ser moral como superior, y aquí radica su debilidad. Considerar al mal como superior es nuestra debilidad. Nunca envidiemos al perverso. Envidiar a quien nos envidia es sinónimo de odiarnos a nosotros mismos y de pasar entonces a humillarnos siendo perversos. La elección es solo suya.

Quilato Ótefe.

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