¿Qué es la ley? La ley es en sí el conjunto de restricciones que la sociedad instaura para el correcto funcionamiento de la misma, es decir, la ley es la encarnación de la moral social. La moral es el conjunto de normas de conciencia con las que la sociedad queda unida contra su adversario, la frustración del medio. Recuerden lo dicho en mi entrada El final principio de La Mélopre, el sentido de la vida es vivir en continuo, es decir, continuar viviendo, y cuando el individuo muere continúa a través de la sociedad que continúa viviendo, así la vida del individuo pertenece a la sociedad. Para dar significado a la vida, el individuo siempre procura con sus acciones asegurar que la sociedad continúe, ¿y qué quiere decir esta idea general? El que el sentido de la vida sea continuar viviendo implica que el individuo que pertenece a la sociedad vive para hacerla continuar, ya que de lo contrario sus acciones invalidarían a la sociedad, ¿por qué? Tememos que vivir para el presente sea el sentido de la vida, porque entonces no viviríamos, así que lo proyectamos al mundo de modo que las cosas están, pero podemos modificarlas a voluntad. Esto es, nosotros vivimos, pero no lo demás. ¿Y cómo queda lo externo sobre lo que proyectamos nuestro sinsentido en la vida? Como la frustración, lo que nos impide vivir para existir, lo que nos invalida para validarse. ¿Cómo no vive la frustración? Por regla de tres, siendo nosotros los que vivimos y no ella, ¿y cómo se logra esto? Manipulando a la frustración, teniendo el poder sobre ella, porque si la frustración no puede, no tiene poder, no actúa, siendo nosotros los que actuamos, y así nosotros somos los que vivimos y no ella. Es así que nuestras acciones vitales tienen como objeto destruir la frustración, y vivimos para destruir frustración. Nuestra vida, que está ligada a la sociedad, la cual vive como individuo, implica no solo destruir nuestra frustración, sino destruir a la frustración social, es decir, la frustración de la sociedad. Es por esto que, al no considerar a la sociedad como frustración, interiorizamos con miedo las restricciones a destruirla, ¿por qué con miedo? Tememos no vivir, y si vivimos a través de la sociedad el dañar a la misma implica dejar de vivir, así que con miedo hacemos propias las restricciones a dañar a la sociedad, ¿y cuáles son estas? Los valores morales. ¿Tememos a la ley?, o ¿tememos actuar de un modo inmoral?, para la inmensa mayoría de personas el temor es a romper los códigos sociales, el actuar de forma inmoral, ya que la inmensa mayoría de las personas somos sociales, es decir, vivimos juntos como sociedad. Para el antisocial, sin embargo, la ley es un obstáculo, ¿por qué? La ley, que es la encarnación de la moral, el poder moral con el que detenemos a las personas responsables de invalidar a la sociedad, es decir, los responsables de dañarla, es nuestro escudo contra el antisocial, un escudo que representa para el antisocial la espada que lo corta, ya que sobre ese escudo proyecta su infinito odio hacia sí mismo junto a los que se protegen tras el escudo, de modo que el antisocial trata a la ley como injusta. El antisocial es consciente del daño que causa, pero no piensa que lo hace por maldad, sino por ser merecedor de dañar a los demás. Por ejemplo, en una guerra con dos bandos, A y B, cuando A daña a B sabe que está causándole mal, pero piensa que se lo merece. Esto mismo ocurre con el antisocial. Es por esto que los ladrones, asesinos, toda la variedad de personas antisociales, justifican su accionar en los demás, no siendo en absoluto conscientes de su maldad. Y recuerden lo dicho en mi entrada El valor de perdonar: creer en la maldad del antisocial es nuestro camino a la venganza cuyo final nos convierte sin ser conscientes de ello en nuestro propio enemigo, ¿por qué? Porque creer en la maldad del antisocial lleva a odiar al mismo, y ese odio no es más que odio hacia uno mismo, ya que en el momento en el que se odia al antisocial la sed de venganza impulsa a dejar de ser lo que se es ahora, víctima, para pasar a ser él, victimario, pero él nunca fue victimario, sino que se consideró la víctima. Así, vengarte del perverso equivale a convertirte en el mismo. Así nunca olviden que la venganza contra el perverso es el perdón, porque perdonar al perverso equivale a no convertirte en la víctima como él lo es, a no ser humillado por el mundo como él lo es. Ahora bien, no es lo mismo perdonar que absolver de culpa. El psicópata, cuando comete un delito, aun no sintiéndose culpable del mismo, aun no siendo consciente de su maldad, y aun habiéndolo perdonado nosotros, esto es, no guardarle rencor, debe de ser condenado por su delito ya que la sociedad ha de protegerse del psicópata.

Tomando ahora el objetivo de esta entrada nos preguntamos: ¿Qué ocurriría un día sin ley? Seguro que muchos os la habéis ya preguntado antes, ¿sin la ley todo sería un caos?, ¿cada uno haría lo que quisiera con total impunidad? La ley es el escudo que con nuestra voluntad construimos contra la acción del perverso, es decir, su voluntad. Recuerden mi entrada La Mélopre, las acciones que realizamos son el paso de una mélopre a otra, y tales acciones son nuestros juicios. El mundo no es objetivo, sino una proyección de lo que somos nosotros, siendo nosotros lo que pensamos, y no lo que hacemos, ya que la acción es el juicio, el pensamiento, y el hacer es enjuiciar. El juicio del antisocial, su voluntad, es falso ya que parte de una mélopre falsa, lo que tiene como consecuencia que su vida sea falsa. Y como dije en mi entrada La Mélopre, el juicio del antisocial, su voluntad, persigue el que quedemos en el error como él, el que vivamos equivocados, ya que trata, equivocado, de afirmarse a costa de invalidarnos, y esto lo consigue en el momento que partimos de una mélopre falsa al temer enjuiciar desde la mélopre que ha reemplazado la falsa, en el momento en el que odiamos nuestra mélopre, en el momento en el que no tenemos voluntad cuando esta es dominada por el antisocial, ¿por qué? Porque desde que nos convertimos en el antisocial nosotros ya no somos, no existimos, lo que era el objetivo del antisocial en su búsqueda de destruir a la frustración, en la que nos encontramos nosotros a sus ojos, haciendo que no seamos, que no existamos, que no vivamos. El antisocial ejerciendo el poder sobre nosotros buscó entonces lo que consiguió, que nos odiemos a nosotros mismos. Cuando el antisocial logra inhibir nuestra voluntad tras llenarnos de odio hacia nosotros mismos al haber ejercido el poder sobre nosotros en su búsqueda por validar su vida, objetivo inconsciente para el mismo pues no considera falsa su vida, sino la nuestra, al haberse proyectado en nosotros, logra a su vez que perdamos la fe en la humanidad, y a su vez en la justicia humana. Cuando esto ha ocurrido y nos preguntamos qué ocurriría un día sin ley, nuestra respuesta automática sería “no tendríamos miedo a infringir la ley”, es decir, nos veríamos sin miedo a que la sociedad se defienda de nosotros, a que ejerza el poder sobre nosotros, puesto que la sociedad sin ley no ejerce su poder moral sobre nosotros, los antisociales, ya que la misma se ha vuelto antisocial al no tener voluntad sobre nosotros, la frustración. Pero si nosotros estamos libres de odio y tenemos la capacidad para el perdón y la compasión, aun planteando dicha situación, un día sin ley, no se nos pasaría por la cabeza el no tener miedo a delinquir, sino el miedo a los que sí quieren delinquir, a los antisociales con libertad de acción sobre nosotros, los que por un día serían fuertes para nosotros pues nuestro poder moral no existiría. No se nos pasaría por la cabeza el que cada uno tuviera la libertad de obrar mal, pues como personas sociales tal libertad es nuestra esclavitud, sino que los perversos sí tendrían libertad de acción.

Concluyendo, la voluntad de eliminar la ley es una voluntad falsa, equivocada, y antisocial, y si elimináramos la ley pasaríamos a ser los esclavos del antisocial, quedando esclavizados por nuestro auto odio.

La saga cinematográfica ‘La Purga’ muestra a lo largo de sus películas el modelo perfecto a eliminar la ley. Se muestra a una sociedad capitalista radical que colapsó al combinar egoísmo radical con moralidad, ya que la sociedad no pudo continuar enriqueciéndose si no obviaba la moral, pues una sociedad capitalista radical no puede enriquecerse de no destruirse a sí misma, ya que la riqueza en un sistema egoísta radical se consigue alimentando el auto odio. Es por esto que el gobierno antisocial de la nación decidió eliminar la ley durante 1 noche para así, habiendo liberado el odio de haber alimentado el auto odio durante 1 año entero el capitalismo radical seguiría sin colapsarse, reduciéndose el crimen, el desempleo, etc.

En la siguiente escena de La purga 3 se muestra la esclavitud de una persona social en un mundo donde el poder del odio ha sustituido al poder moral. La escena ocurre en una catedral donde un conjunto de empresarios psicópatas políticamente organizados van a dar muerte a la responsable de tratar de eliminar la esclavitud del ser moral, de cambiar el régimen del odio que imperaba por uno nuevo moral. Los antisociales establecieron un régimen donde crearon incluso una nueva religión en la que, sin ser conscientes de ello, abolieron la moral por “una nueva moral”, inmoralidad, donde se liberaba a la bestia, es decir, se daba rienda suelta al odio, durante 1 noche al año para purificar al antisocial de su auto odio, lo que a sus ojos es el odio que le rodea. Es decir, la nueva religión, mejor dicho, anti religión, era el soporte al capitalismo radical, un soporte religioso cuya doctrina aseguraba el bien del capitalismo radical, el bien antisocial. Es decir, los políticos psicópatas moralizaron la inmoralidad a través de una nueva religión antisocial.

Traduzcamos lo que el político psicópata nos cuenta en la escena, retengamos su proyección: “esta persona ha amenazado con destruir todo lo que los nuevos padres fundadores hemos hecho” – *esta persona ha amenazado con destruir todo lo que los nuevos padres fundadores hemos destruido*; “y ahora debemos liberarnos de las emociones negativas que ella ha removido en nuestro interior” – *y ahora debemos esclavizarla del odio que nos libra de nuestra libertad*; “eliminando nuestras libertades” – *restaurando nuestras libertades*.

Tras el discurso, el psicópata muestra a los antisociales a la moral esclavizada, el tener en su poder a la senadora Roan, la representante del poder moral, dando estos un fuerte aplauso enalteciendo el triunfo del odio.

Quilato Ótefe.

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