*Imprescindible leer mi entrada “La Mélopre” para comprender esta entrada* ¿Qué es el temperamento? El temperamento es el inicio desde donde de la mélopre de un individuo se revierte la sucesión de sus mélopres donde el paso de una mélopre a la anterior simplifica los juicios de la nueva cadena (nueva cadena vital dependiente del temperamento del individuo que muere, su última y primera mélopre, e independiente del mismo que vuelve a nacer en cuanto a su juicio) cuyo final es la continuación de nuestra vida a través de nuestro nacimiento para seguir aumentando nuestro grado de conciencia. El temperamento es el más complejo de todos nuestros juicios y el primero de ellos. ¿Por qué digo “aumentando el grado de conciencia”? Escudriñemos la cuestión. El que una nueva cadena de mélopres parta desde la mélopre de un individuo es sinónimo del nacimiento de una nueva vida desde otra anterior, del individuo. *En esta entrada se comprenderá que el nacimiento de una nueva vida es sinónimo de volver a nacer, y que la nueva vida y la nuestra es lo mismo*. ¿Dirían ustedes que un cigoto humano tiene conciencia, que enjuicia? No, ¿verdad? Y es desde este error como se entenderá el concepto de grado de conciencia. Nosotros no teníamos conciencia de lo que somos ahora en nuestro estado como gameto pues ahora enjuiciamos desde una mélopre desde donde ya no somos lo que éramos. ¿No teníamos conciencia? ¿qué es la conciencia? La conciencia es el estado de libre albedrío desde el que enjuiciamos para vivir (con sus dimensiones temporales) para continuar viviendo, que es el sentido de la vida; conciencia es sinónimo de mélopre como también de vivir. ¿Por qué un estado de libre albedrío y no de determinismo? Nuestra vida, nuestros juicios, parten desde la mélopre de otra vida, ¿no estaríamos determinados por la mélopre inicial entonces? El individuo que enjuició nuestra mélopre inicial abandonó la misma a través del juicio para continuar su cadena vital, y a su vez dicha mélopre pertenece a su cadena vital. Su cadena vital tenía y tiene como sentido continuar viviendo a través de la sociedad y por regla de tres a través de nosotros. Por tanto, el individuo que dejó de ser lo que era en su mélopre inicial continúa viviendo para terminar enjuiciando a lo largo de su ciclo vital lo que era al principio, avanzando así su cadena hasta enjuiciar su no muerte, que es la continuación de su vida, pues tras su no muerte él continúa a través de nosotros, que somos él. Como somos lo que éramos antes de ser, estamos determinados por nosotros mismos, y somos nosotros quienes tras enjuiciar elaboramos nuestros juicios; esto es, somos libres, dueños de nuestro pensamiento. La vida, que es vivir, que es sinónimo de conciencia, que es sinónimo de mélopre, es todo lo que pensamos; y desde lo que pensamos continuamos viviendo a través de enjuiciar lo que pensamos. Significa que no hay inertes en nuestro mundo, en nuestra conciencia, sino vida, la nuestra. Siendo el mundo nuestra conciencia se induce al error de pensar que no hay conciencia ajena a la nuestra, y no sería un error si pensáramos en nosotros como ajenos a la conciencia ajena, pero existen tanto nuestra conciencia como la ajena, siendo nosotros y el ajeno una sola conciencia, siendo vida, pues como he dicho antes tras morir continuamos a través de nosotros, volviendo a nacer, siendo lo ajeno nosotros. El determinismo, contrario al libre albedrío, es una idea antisocial, una mélopre falsa, que surge de invalidar nuestro pensamiento a base de dar poder sobre nosotros a lo que dominamos, nuestro propio pensamiento, ya que si tras enjuiciar el mundo que nos rodea, nuestro pensamiento, dicho mundo lo tratamos como ajeno a nuestro pensamiento, llegamos a la conclusión de que no dominamos nuestro propio pensamiento pues ya lo hemos invalidado. Así, creer en el determinismo es sinónimo de cosificarnos al nivel antisocial y a su vez al pensamiento antisocial que logra así dominarnos para continuar su vida falsa, objetivo vital del antisocial que se valida a costa de invalidarnos, a base de liberarse de nosotros, pues como cosas no ocupamos en el antisocial la categoría de pensamiento. El antisocial, que está muerto en vida, es un individuo esclavo de su odio donde su cadena vital, toda su vida, parte de una mélopre falsa, ya que invalida lo ajeno invalidándose él mismo pues nosotros somos él, una sola conciencia, y destruye a la conciencia, esto es, a nosotros. Además, el antisocial tampoco tiene libre albedrío pues no es dueño de su pensamiento ya que no está determinado por sí mismo, sino por su falsa mélopre, su auto odio, siendo esclavo de su odio. Y habiendo muerto desde un principio, desde su temperamento, termina su ciclo vital enjuiciando su propia muerte (sin ser consciente de ello, pues está en el error, parte desde una mélopre falsa desde el principio). El ser moral, sin embargo, vuelve a nacer tras su muerte, siendo la misma una no muerte, siendo libre como dueño de su pensamiento.

¿Qué persiguen las religiones? Dar un sentido a nuestra vida con una doctrina moral en la que como seres morales guiamos nuestra vida a Dios, siendo Dios la metáfora del poder moral absoluto, del que, alcanzado tras la muerte, habiendo sido personas morales, disfrutaremos de la gloria eterna. La religión es un modelo vital del ser moral por el que el mismo da sentido a su vida para guiarse hasta su unión con Dios tras su muerte. ¿Por qué? Pues porque Dios representa el poder moral absoluto, que es la sociedad que vive, nuestra conciencia, que es el todo, nuestro pensamiento, con el que no encontramos tras la no muerte volviendo a nacer, continuando con la vida, que es la máxima expresión de la felicidad, metaforizada en la gloria del señor, pues la felicidad es la carencia de miedo, y volver a nacer es la completa carencia del mismo pues la base primera del miedo es a la muerte, a la no vida, a la no conciencia. Es por esto que la religión, al ser una doctrina moral, modelo del sentido de la vida, es un instrumento desde el que el antisocial habiendo nublado nuestro juicio moral puede controlarnos, pero no es por ella misma pensamiento antisocial, sino un modelo social al sentido de la vida. Así, con la religión no nos cosificamos al pensamiento antisocial a menos que este elabore la doctrina moral de la misma, pues esa doctrina moral sería un modelo antisocial al sentido de la vida que nos invalidará. Un ejemplo de cosificación al pensamiento antisocial por medio de la religión sería la religión antisocial que puse como ejemplo a esclavizar al ser moral en mi entrada La moral esclavizada donde los políticos psicópatas en el mundo ficticio de la película “La Purga” moralizaron la inmoralidad para soportar su régimen antisocial a base de seguir nublando el juicio moral de la sociedad. El antisocial que persigue el poder sobre nosotros cuyo fondo es el miedo inconsciente hacia nosotros busca con mucha fuerza un hueco en el poder religioso de aquellas sociedades donde la religión sigue con fuerza adoctrinando a las mismas en su doctrina moral; qué mejor hueco donde nublar el juicio moral de una sociedad que desde donde la misma se adoctrina en la propia moral.

Modelo vital del ser moral (Representación esquemática de la vida del ser moral, de nuestra vida, de la vida, de la conciencia, de nosotros)

Modelo vital del ser moral

 

Quilato Ótefe.

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