El individuo es cambio constante, no lo cambiado, ni lo que cambiará, pues el cambio constante iguala el uno con el otro. Recuerden mi anterior entrada “Inteligencia emocional: la vida” que la incomprensión (la vida) es la consonancia del juicio (razón) a través de juicios previos en orden distintos por quien es igual a sí mismo y distinto a su elección. Y recuerden: igual a sí mismo en tanto que el cambio no es ajeno, sino propio (sociedad como individuo); y distinto a su elección pues el propio cambio es a su vez ajeno a nosotros que somos el ser en sí mismo (individuo como sociedad).

Nosotros (sociedad) que somos individuo, somos así constante cambio en igualdad de lo cambiado y lo que cambiará, o lo que es lo mismo: cambio constante como iguales a nosotros mismos y distintos a nuestra elección. Entonces, la sociedad (individuo) ignora (incomprensión) y es (comprende) como cambia y ha cambiado, es decir, que ha cambiado (comprende) cuando la misma es igual a sí misma tras elegir para ser distinta a su elección (cambia), cambiando tras elegir para elegir, siendo entonces acto sinónimo de elección, y versando, por tanto, cada acto en su opuesto que, por regla de tres, la motivación del mismo versa en la desgana de su opuesto (ausencia de motivación), ya que el acto significa en su opuesto y, siendo acto sinónimo de elección, no sería el individuo igual así mismo en su elección por el otro, donde se suprimiría al individuo y con él a su motivación, siendo el individuo libre en su elección y así en su motivación. Por tanto, el individuo es libre pues como motivación versa en su opuesto: en el anti-individuo. Y siendo acto sinónimo de lo cambiado que es comprensión, entonces la motivación como individuo queda como la comprensión (libertad) de lo incomprensible (la vida).

La incomprensión, que iguala al individuo consigo mismo (le da identidad) por hacerlo distinto a su elección (ignorándolo como opuesto de lo que ha cambiado por lo que es, identidad: libertad), es la diferencia. Así, la motivación, que es la comprensión de la incomprensión, es la comprensión por la diferencia, y la misma solo es cuando se la tolera, por tanto, la motivación pasa a definirse análogamente como la racionalización de la tolerancia por la diferencia que como vida pasa a ser el sentido de la mismaRecuerden ahora mi entrada “emoción y libertad” que la emoción viene tras la elección, que la misma equivale a empatía, y que por tanto no hay emoción (empatía) sin elección (libertad). Dicho esto, la emoción versa en su opuesto, la elección, y por tanto en la motivación, siendo esta razón de ser de la emoción, de la empatía, y viceversa. Por tanto, la emoción y elección son opuestos que versan el uno con el otro por su razón de ser: la tolerancia.

La tolerancia es aceptación de la diferencia, y con ello de la cualidad. Ahora bien, el motivo es racionalización de la tolerancia por la diferencia, y así la tolerancia como motivación es razón de ser de la vida que por regla de tres es cualidad. Por tanto, la cualidad (diferencia) es el motivo, y libre, por tolerar la emoción, o lo que es lo mismo: por empatizar con la misma que, siendo la vida el individuo (sociedad), debe este su razón de ser a motivarse por empatizar con el otro por propia tolerancia que es amor a sí mismo, a su cualidad, ya que el individuo que, – recuerden – por incomprensión (que es el individuo), es igual así mismo y distinto a su elección, empatizando consigo mismo a la vez que con el otro, y por tanto con sus emociones, es decir, las siente, sintiendo como libre por elegir la empatía como aceptación de su cualidad (libertad).

Siendo cualidad razón de ser de la vida, y la vida tolerancia de dos opuestos que versan el uno por el otro: la elección y la empatía, la razón de ser versa en la emoción para cobrar la vida significado, siendo la vida amor que se expresa (cobra significado) por elegir cualidad: la tolerancia. Entonces, la sociedad es cuando tolera la cualidad de la misma, que por ser esta, individuo, tolera la cualidad del mismo y, siendo el individuo, cualidad, entonces es cuando tolera a sus individuos sean o no empáticos, pues no tolerar al intolerante, que es individuo también, equivale a motivarse por odiarlo, versando entonces el motivo en el odio, y no en el amor (emoción),  no eligiendo la empatía para motivarse por la intolerancia del individuo y con él a la sociedad. Tolerar al individuo no empático cuya motivación versa en la nuestra – recuerden el concepto dicho antes: anti-individuo -, opuesta, equivale a motivarnos por oponernos a su motivo, y con él a su conciencia de maldad que, siendo motivación sinónimo de fe pues libres elegimos por razón de ser de la motivación, equivale a su vez a no creerla, pues la misma, por regla de tres, cancela que seamos por su motivación en la que nunca llegaremos a ser él por motivarnos a ello ya que motivación es vida, cambio, y creyendo su conciencia cambiaríamos para volver a lo cambiado, es decir: el odio que generemos volverá en nuestra contra por la propia esclavitud, siendo la fe por el odio un arma de doble filo que daña como nos daña.

 Individuo, anti-individuo.JPG

El anti-individuo es por tanto el psicópata y, sin paradoja pues no creemos su conciencia de maldad como individuos a su vez que toleramos su existencia, afirmamos que forma parte de nuestra memoria como lo razonado que oponemos a lo que somos por nuestra (fe) que es cambio. Entonces, la fe es duda por lo cambiado; fe que toleramos por razonarla en oposición a lo que no somos (el psicópata)

Oscuridad para ver pero luz de sobra como para quedar ciego: metáfora a la lucha por la fe en la moralidad, el bien: la no conciencia del mal.

Dudar nuestra determinación natural para sostener nuestra locura (emoción) como distinción a nuestro pensamiento: amor en odio relevado (libertad). El concepto Dios (fe: emoción) permite (justifica) la dualidad sociedad como individuo (incomprensión) en la mente del mismo, concepto entonces de nuestra razón de ser que con empatía toleramos a su incomprensión, imaginándolo más allá de lo natural como viaje por la razón a la locura que impulsamos para distinguir la razón propia, conectando con nuestra razón de ser (empatía). Siendo la empatía, por tanto, el proceso cognitivo que subyace a su justificación (psicopatía): la razón emocional (necesaria para expresar una realidad), que es por regla de tres sinónimo de fe. Amar como nos imaginamos cual círculo vicioso de razón por Dios entonces, del reencuentro con nosotros quienes iniciemos por crearnos para volver a crearnos (incomprensión: amor), razón que sin fe no hay vuelta a creernos capaces sino que continuamos sufriendo por amar nuestra igualdad: igualdad incomprendida de la que somos incapaces de amar para ver. Para finalizar: somos iguales en nuestra diferencia que, si tolerada, nos permitimos conectar con nosotros mismos (empatía) de la que si dudamos estamos haciendo lo correcto cuales videntes la igualamos como amor en odio relevado.

Quilato Ótefe.

 

 

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