Muchísimas personas pareciera que hicieron algo mal en la otra vida; pareciera que el karma les está devolviendo todo el mal que hicieron en vidas anteriores. No es descabellado hablar de karma si reorientamos el concepto del mismo; el karma no devuelve lo bueno o lo malo que hicimos en la vida anterior, sino lo mismo que los demás han recibido de otras personas. Cuando los demás nos tratan mal, queremos evitar que vuelvan a hacerlo, y para ello cambiamos nuestra actitud, la que ha producido el maltrato; al igual que mantenemos la que los demás refuerzan en nosotros. Odiamos de nosotros mismos lo que los demás maltrataron, y de igual manera amamos lo que los demás respetaron. Es decir, si nos burlamos de alguien, lo respetamos, etc, estamos reproduciendo en él la forma en la que nos trataron. Cuando nos faltan al respeto, quieren hacernos de menos, y no merecemos que nos traten así (esto es importante, y es la causa del “mal karma” – ya lo verán -). Hay mucha gente con la autoestima tan, pero tan baja, que llega a pensar que es culpa suya que la traten así; llega a pensar: como soy tan poca cosa, es normal que me traten así. A esas personas las invalidan cada vez más; se cierran más; se vuelven más tímidas; entran en depresión; y al ver que nadie las ayuda piensan que la culpa es suya y que merecen que las traten así, y este es el punto tan importante antes mencionado, el responsable de que recibamos el “mal karma” de los demás. Si los demás piensan que merecieron ser tratados así, y por rabia hacia si mismos reproducen sus situaciones en aquellos a quienes creen que se lo merecen, si uno piensa que merece que lo traten mal está llamándolos a gritos para que lo linchen. La gente (en su mayoría afortunadamente) tiene conciencia, pero el mundo no se divide entre buenas y malas personas, todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, se trata de qué parte queremos potenciar. Una baja autoestima atrae el “mal karma” de los demás, pero como he dicho la inmensa mayoría tiene conciencia, y no viven con el odio que procesan las personas mencionadas en este blog; por tanto si tenemos la autoestima baja no vamos a sufrir la parte más ríspida del ser humano, pero sí una pequeña parte. Lo que conseguimos con la autoestima baja es que los demás nos transmitan sus malas energías: sufriremos burlas; que nos tengan menos consideración; que no respeten nuestras ideas; que no nos dejen hablar; y un largo etcétera. Incluso una situación como el mobbing, producido en su mayoría por celos y envidia, y a veces por miedo, puede darse en personas con baja autoestima: aquellos con baja autoestima son blancos fáciles para convertirlos en los chivos expiatorios en los que descargar todos los problemas de la organización para así no destapar la incompetencia del resto. Este tipo de mobbing se produce especialmente es períodos de crisis, en los que a mucha gente le aterra perder su puesto de trabajo, y martirizan a alguien en el que hacen caer toda la culpa de los problemas. La gente sin conciencia es la que de verdad se ensaña con la gente débil, son los verdaderos tiranos (a partir de aquí usaré el calificativo débil para referirme a las personas con una autoestima paupérrima), pero son tiranos apropiados para la edad y el contexto. El bullying, que se define como el acoso físico o psicológico al que someten, de forma continuada, a un alumno sus compañeros, es la máxima expresión de la tiranía. En el bullying, niños o adolescentes con problemas psicológicos, no tienen por qué padecer en la edad adulta un trastorno de la personalidad, descargan toda su negatividad sobre una víctima débil, aunque también hay casos en los que se debe a la envidia u otros factores. Estos bullies expresan su violencia abiertamente, sin temor al rechazo social. La mayoría de los niños y adolescentes no aprueban el comportamiento de estos matones, pero callan por miedo a ser las siguientes víctimas, y algunos se unen a los matones por ese mismo miedo o por aprendizaje al ver que les ríen la gracia, para aumentar así su estatus. Es por esto que se da también la tan famosa “marginación social”, cuando se escucha “ese es el marginado de la clase”. Al niño o adolescente que acosan es normal que sufra un rechazo generalizado por parte del resto de los compañeros por miedo a ser las siguientes víctimas, y encima ese niño o adolescente con tan baja autoestima seguramente sufrirá un trato vejatorio por el resto de niños o adolescentes, precisamente por el atraer la negatividad de estos también, y el niño o adolescente queda con la sensación de: “todo el mundo se mete conmigo”. También se da el fenómeno del marginado entre niños y adolescentes (y más raramente en adultos) con muy abaja autoestima, que no tienen por qué sufrir de bullying, pero que al sufrir la falta de respeto de los demás – bromitas, etc – los demás los rechazan para no sufrir vergüenza por igual, con lo que acaban echándose la culpa de ser inferiores y de merecer un trato inferior al de los demás. La forma de comportarse de los matones no les servirá en la edad adulta, pero cuando son tan jóvenes y su entorno se reduce a tan pocas personas se resignan a tales conductas. Cuando crecen, la gente sin conciencia logra adaptarse en su mayoría a esta sociedad; se dan cuenta que las relaciones sociales no consisten en las que fueron parte de su adolescencia (el ser el chungo de la cárcel), y también de que se castiga las malas actitudes y se premian las buenas (aunque no comprendan tales actitudes desde una perspectiva de conciencia, sino que piensan que de portarse mal con los débiles los demás los odiarían por temor a ser ellos los siguientes y se ensañarían con ellos, cambiando así de conducta antisocial a “prosocial”, prosocial entre comillas), y las malas personas son rechazadas. Por tanto no van a tiranizar a un adulto como podrían hacerlo cuando eran críos (excepto ese pequeño porcentaje que no se ha integrado a la sociedad, estos que en la cárcel se hacen llamar “el hueso” o “el ojo trueno”), pero sí van a ejercer su liderazgo rastrero: el reírse de las personas tímidas y taciturnas que no pueden defenderse… y quedar así como chulos; traicionar, mentir, engañar, defraudar, etc. Las personas sin conciencia son las que disfrutan haciendo mobbing por diversión; maltratando a su pareja (no todos los maltratadores son psicópatas); etc. Bien, explicado hasta aquí cómo las malas energías ajenas nos hacen sufrir por falta de amor propio, podemos pasar a explicar el quid de la cuestión, el rechazo social. El rechazo social se sufre por falta de la propia estima, por falta de amor propio; por atraer lo que pensamos. Los demás nos rechazan por miedo a revivir con nosotros las situaciones que quieren desterrar de su presente. Gozar de una buena autoestima hace que atraigamos lo que pensamos, atrayendo el “buen karma”, y así los demás no tienen miedo de querernos, solventando uno de los principales motivos sociales: el de pertenencia. Es por esto que autoestima y aceptación social van unidas de la mano. Gozar de una buena autoestima también consiste en repeler los tratos maliciosos a nuestra persona, porque de lo contrario sería una paradoja decir yo valgo pero merezco que me traten mal, NO, no es así. Eso se logra con asertividad; la asertividad es nuestro repelente contra las malas energías ajenas, y este se compra con autoestima. Si queremos el cariño y el respeto de los demás tenemos que empezar a querernos primero, de lo contrario los demás no nos querrán, sino que nos temerán. Las personas tímidas y taciturnas procesan gran miedo al rechazo, llegando en un extremo al trastorno de la personalidad por evitación (la mayoría de los tímidos no llegan a tal categoría), y ese miedo les hace inhibirse al temer meter la pata; a cerrarse con el cuerpo en situaciones donde los demás lo observan; y ese miedo, producto de la falta de seguridad, es decir, de la falta de autoestima, es el que transmite su fuente de origen, su falta de autoestima. Y paradójicamente, esas situaciones que los tímidos quieren evitar son precisamente las que se reproducen una y otra vez. No olviden que atraemos lo que pensamos. Es por este motivo que las estadísticas no mienten, los tímidos son los que reciben una mayor tasa de rechazo social. En otro artículo hablaré de la diferencia entre una buena autoestima y un narcisista, que son conceptos totalmente diferentes, y que voy a explicar aquí brevemente: una buena autoestima es pensar bien de uno mismo, y el narcisismo es querer pensar bien de uno mismo.

Quilato Ótefe.

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