Este artículo lo dedico a gente valiente y valiosa; gente que ha sufrido traumas, graves heridas emocionales, y los ha superado.

¿Qué es un trauma psicológico? un trauma psicológico es el conjunto de consecuencias nefastas para el aparato psíquico, intenso terror, depresión, que quedan en una persona tras un evento que amenaza profundamente el bienestar o la vida de la misma. Dejando a un lado situaciones como catástrofes naturales, etc, la inmensa mayoría de traumas no vienen llovidos del cielo, estos los generan personas; evidentemente no personas sociales, sino antisociales. Recordemos cuál es el objetivo del psicópata, del antisocial: el psicópata persigue convertirse en su propio peor enemigo, despojándose de su humanidad, para pasar a ser quien frustra y devora, pasar a odiarse a sí mismo; odiar a su propia humanidad. El psicópata, destruyéndonos conscientemente, sintiéndose víctima de sus víctimas, intenta crear la misma situación que él vive en su inconsciente (un insufrible terror hacia los demás -oculto en el mismo -) en nosotros; de modo que él es quien frustra, y nosotros sus pobres víctimas quienes lo tememos. Y así, el psicópata es quien tiene la facultad de poder causarnos traumas. Ahora bien, si hemos tenido la desgracia de chocar con un psicópata en nuestras vidas, y para mayor desgracia hemos quedado traumados, el miedo se ha apoderado de nuestra mente, hemos de prepararnos para una gran batalla psíquica. La mente, igual que la vida; se puede morir en ambos lados. Cuando un psicópata nos crea un trauma, son 3 los efectos que pueden producir en nuestro psique.

  1. Quedar como un despojo: haberle perdido la batalla al miedo; quedar en depresión buscando en quien escudarnos; creyendo que hemos dejado de alimentar al miedo, sin darnos cuenta que este se nutre de la compasión de los demás haciéndolos sufrir con nosotros; y cuando el escudo se rompa, nos abandonan después de tanto padecer juntos, ser nuestro sufrimiento emocional tan insoportable que acabemos quitándonos la vida por nuestra propia mano.
  2. Convertirnos en el psicópata: para no perderle la batalla al miedo hemos cambiado de bando – si no puedes con tu enemigo, únete a él – más todo tiene un coste: hemos pasado a ser como el enemigo, a odiarnos a nosotros mismos; a ocultar nuestro miedo; a esclavizarnos al odio; a humillarnos a los pies del psicópata; y a convertirnos en psicópatas, el psicópata.
  3. Enfrentar el trauma con valor: en lugar de perder la batalla; y de aliarnos con el enemigo; hemos sacado el coraje necesario, fruto de nuestros afectos, para perderle el miedo al psicópata. Luchando por nuestros afectos, luchando contra el psicópata. Dándonos cuenta de que nuestro sufrimiento afecta a todos, y que todos estamos juntos contra el psicópata, dándonos cuenta de que somos más fuertes que él, y él es el débil que está sólo, el que nos ataca por miedo, pues somos su fuente de frustración y de envidia * Aclaración: el psicópata no siente miedo, pues está oculto en su inconsciente por un odio inconsciente hacia su persona sustituido en la conciencia por un odio infinito hacia los demás * (para entender esta parte, el por qué del miedo y la envidia del psicópata hacia la persona moral, leer la entrada El valor de perdonar). Nuestro sentimiento empático para con los demás nos confiere una fuerza, una ira, de tales magnitudes que pueden con nuestro miedo; es el poder del amor, mucho más poderoso que el del odio. El odio oculta nuestro miedo, pero el coraje empático vence a nuestro miedo e impide el desarrollo del odio en nosotros.

En el siguiente vídeo se muestra una majestuosa escena de la admirable serie Walker, Ranger de Texas, en la cual un chico, Lucas, consigue vencer su trauma, el terror hacia su padre psicópata, gracias al amor recibido por parte de los demás que lo querían. Walker rescató al joven Lucas de las garras de ese monstruo el cuál lo tenía aprisionado en una habitación de su casa en condiciones infrahumanas rodeado de ratas y basura; y para colmo lo contagió a propósito con sida. En la escena, un poco mística pero que lo representa de un modo radiante, se ve cómo en la pesadilla de Lucas al ver este como su padre psicópata hace daño a las personas que quiere, se da cuenta de que su sufrimiento le afecta a todos, entendiendo que los demás sufren junto a él también,  y que todos están junto a él, estando él solo, siendo él el débil, teniendo como efecto que él se encoraje y pierda el miedo al psicópata. Se ve cómo la luz es más poderosa que la oscuridad; cómo el amor es más fuerte que el odio para superar al miedo, al trauma. Tener que soportar tal carga emocional al ver la escena me hizo llorar; es una escena que genera una empatía brutal.

El psicópata es una persona cobarde — y ahora dirán que el psicópata es una pobre víctima —. El psicópata no es alguien digno de lástima; el psicópata es una vil, cobarde y despreciable alimaña. El psicópata, contrario a lo que la opinión general tiene, no se convierte en psicópata debido a traumas psicológicos infantiles, él mismo, por su configuración genética, “se imagina” los traumas psicológicos. Por cada psicópata con una infancia traumática encontramos a otro que ha nacido en un núcleo familiar perfectamente normal lleno de afecto y amor; si un psicópata, que por mala suerte de la vida, ha recibido una infancia traumática, no tiene por qué escoger el camino del odio, puede hacer como Lucas; y la inmensa mayoría de las personas que pasan por traumas no se convierten en psicópatas, ni siquiera en neuróticos. El psicópata nace, no se hace. Con lo dicho vengo a decir que SE ELIMINE el falso mito de la infancia traumática tan extendido por la literatura por el tema de dar una lectura morbosa; el psicópata no es una pobre víctima a quien tenerle lástima, sino un victimario, un sucio y cruel victimario.

  • Aclaración: cuando en mis artículos expreso la ideas “convertirnos en psicópatas”, “pasar a ser psicópata”, etc, como si fueran hechos posibles no los tomen en el sentido literal; es una metáfora para poder entender la línea continua entre el bien y el mal sin usar la irracionalidad. El psicópata nace, no se hace.

Quilato Ótefe.

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